Salud mental y bienestar de los profesionales sanitarios
La salud mental de los profesionales sanitarios está influida por determinantes sociales y factores laborales. Es clave identificar riesgos y recursos, promover la equidad en el acceso a […]
Ser consciente de que los responsables de tomar decisiones clínicas llegan a conclusiones de manera prematura puede preservar la efectividad de los tratamientos médicos
En la práctica asistencial, los profesionales sanitarios combinan conocimiento científico, experiencia previa y procesos heurísticos que les permiten tomar decisiones bajo presión.
Estos atajos cognitivos poseen una utilidad operativa, pero pueden introducir distorsiones en la interpretación de la información clínica. Una de las más influyentes en el error diagnóstico es el sesgo de anclaje1.
El sesgo de anclaje es la tendencia a fijar una hipótesis diagnóstica inicial y utilizarla como punto de referencia dominante, circunstancia que condiciona la valoración de los datos posteriores1.
Al establecer un ancla diagnóstica, la información concordante se integra con facilidad, mientras que las referencias discordantes se minimizan, reinterpretan o descartan1.
Este mecanismo explica por qué algunos errores iniciales persisten a lo largo del proceso asistencial, incluso cuando aparecen signos clínicos que justificarían una reevaluación del caso1.
El sesgo de anclaje es estructural: actúa en fases tempranas del proceso diagnóstico y condiciona los pasos posteriores. Forma parte de un conjunto más amplio de errores sesgos cognitivos implicados en el diagnóstico, como los sesgos de confirmación y disponibilidad o el cierre prematuro1.
El sesgo de confirmación se da al buscar o favorecer los datos que respaldan una hipótesis inicial e ignorar evidencias que apuntan a diagnósticos alternativos, mientras que el sesgo de disponibilidad induce a tomar decisiones basadas en la información más accesible o reciente en la memoria del médico, en lugar de a la más pertinente1.
Por su parte, el cierre prematuro suele ser consecuencia de un anclaje no cuestionado, más que un fenómeno independiente1.
Existen diversos factores que aumentan la probabilidad de que tenga lugar un sesgo de anclaje: presión asistencial, interrupciones, sobrecarga cognitiva y confianza excesiva en la experiencia previa1.
Estos elementos no dependen del nivel de competencia, sino del contexto organizativo. Así, el sesgo aparece tanto en profesionales en formación como en quienes tienen una trayectoria más dilatada, aunque por mecanismos distintos1.
El anclaje no es específico de una especialidad, ya que se da en especialidades tan diversas como medicina interna, cirugía, atención primaria y urgencias. Para minimizar este sesgo habría que introducir más pausas cognitivas que permitan revisar la hipótesis inicial antes de que se consolide2.
Aunque los contextos difieran, el mecanismo cognitivo se comparte: una hipótesis inicial adquiere un peso desproporcionado y reduce la apertura a alternativas diagnósticas2.
Un análisis sistemático identificó el sesgo de anclaje, junto con el exceso de confianza, como uno de los peligros más asociados a generar complicaciones graves y hasta eventos fatales en entornos quirúrgicos2.
En un estudio sobre mejora de calidad de 5.256 cirugías en los que se identificaron 182 eventos adversos, 38 de ellos (el 21 %) se atribuyeron a sesgos cognitivos y generaron complicaciones postoperatorias, morbilidad y hasta mortalidad2.
Los anclajes no se generan solo a partir de datos clínicos: el aspecto, los diagnósticos previos y otras características del paciente actúan como potentes anclas cognitivas1.
Cuando un síntoma se atribuye de forma automática a una condición conocida, disminuye la probabilidad de explorar explicaciones alternativas. Este fenómeno resulta especialmente relevante en pacientes con patologías múltiples o un historial clínico extenso1.
En concreto, el anclaje en la edad favorece la normalización de síntomas en personas mayores, al provocar retrasos en diagnósticos y decisiones terapéuticas restrictivas3.
El problema no es tener en cuenta los años que tiene el paciente, sino permitir que esa cifra afecte al profesional sanitario a la hora de realizar una valoración clínica completa3.
El color de piel también puede funcionar como ancla implícita. En dermatología se ha descrito cómo heurísticas basadas en prevalencia conducen a diagnósticos erróneos a la hora de interpretar lesiones en pacientes con piel oscura4.
De hecho, existe un caso documentado en el que un diagnóstico inicial no reevaluado retrasó la identificación de un linfoma cutáneo y el paciente falleció4.
La salud mental de los profesionales sanitarios está influida por determinantes sociales y factores laborales. Es clave identificar riesgos y recursos, promover la equidad en el acceso a […]
Las pruebas complementarias no siempre neutralizan los sesgos cognitivos: incluso pueden reforzar el anclaje cuando sus resultados se interpretan a la luz de una hipótesis previa1.
Este fenómeno explica por qué las pruebas normales no siempre conducen a replantear un diagnóstico inicial incorrecto y por qué algunos hallazgos ambiguos se ajustan a la narrativa clínica ya establecida1.
Ese soporte cognitivo del anclaje en el que los factores humanos no suponen un elemento corrector del sesgo se ha documentado en relación con el uso de tecnologías avanzadas5.
Una revisión mostró que en 302 de 308 casos en los que se utilizó imagen por fluorescencia con verde de indocianina (ICG) la información visual influyó en la toma de decisiones quirúrgicas5.
Sin embargo, en el 38,3 % de los casos tuvieron lugar discrepancias entre las intervenciones dentro del quirófano y los diagnósticos realizados gracias a esas pruebas diagnósticas visuales5.
La consecuencia clínica del sesgo de anclaje es un aumento en la tasa de errores diagnósticos, retrasos en tratamientos y decisiones terapéuticas no alineadas con la evolución real de los pacientes1.
Estos errores no responden a falta de conocimiento, sino a fallos previsibles del razonamiento humano. Por ello, su prevención requiere intervenciones estructurales, no sólo concienciación individual1.
Estrategias como la revisión sistemática del diagnóstico, el trabajo en equipo y el uso de listas de verificación orientadas al razonamiento clínico han mostrado capacidad para reducir el impacto del anclaje2.
Asimismo, la evidencia sugiere que introducir mecanismos de reevaluación explícita mejora la seguridad del paciente y la calidad asistencial general2.
Fuentes:
1. Revista Española de Salud Pública, Impacto del sesgo de anclaje en la toma de decisiones diagnósticas médicas: un estudio experimental https://ojs.sanidad.gob.es/index.php/resp/article/view/933/1845
2. Annals of Surgery, Cognitive Biases and Heuristics in Surgical Settings https://journals.lww.com/annalsofsurgery/fulltext/2025/12000/cognitive_biases_and_heuristics_in_surgical.13.aspx
3. Journal of General Internal Medicine Article, The Silent Threat to Clinical Excellence: Ageism in Medicine https://link.springer.com/article/10.1007/s11606-025-10027-5
4. Journal of the American Academy of Dermatology, Anchoring bias and heuristics can perpetuate disparities in dermatology https://www.jaad.org/article/S0190-9622(22)00904-5/fulltext
5. Updates in Surgery, Human Factors and Quantitative Data: Diverging Perspectives on ICG use in Emergency Bowel Surgery – A systematic literature review https://link.springer.com/article/10.1007/s13304-025-02469-7
Ser consciente de que los responsables de tomar decisiones clínicas llegan a conclusiones de manera prematura puede preservar la efectividad de los tratamientos médicos
En la práctica asistencial, los profesionales sanitarios combinan conocimiento científico, experiencia previa y procesos heurísticos que les permiten tomar decisiones bajo presión.
Estos atajos cognitivos poseen una utilidad operativa, pero pueden introducir distorsiones en la interpretación de la información clínica. Una de las más influyentes en el error diagnóstico es el sesgo de anclaje1.
El sesgo de anclaje es la tendencia a fijar una hipótesis diagnóstica inicial y utilizarla como punto de referencia dominante, circunstancia que condiciona la valoración de los datos posteriores1.
Al establecer un ancla diagnóstica, la información concordante se integra con facilidad, mientras que las referencias discordantes se minimizan, reinterpretan o descartan1.
Este mecanismo explica por qué algunos errores iniciales persisten a lo largo del proceso asistencial, incluso cuando aparecen signos clínicos que justificarían una reevaluación del caso1.
El sesgo de anclaje es estructural: actúa en fases tempranas del proceso diagnóstico y condiciona los pasos posteriores. Forma parte de un conjunto más amplio de errores sesgos cognitivos implicados en el diagnóstico, como los sesgos de confirmación y disponibilidad o el cierre prematuro1.
El sesgo de confirmación se da al buscar o favorecer los datos que respaldan una hipótesis inicial e ignorar evidencias que apuntan a diagnósticos alternativos, mientras que el sesgo de disponibilidad induce a tomar decisiones basadas en la información más accesible o reciente en la memoria del médico, en lugar de a la más pertinente1.
Por su parte, el cierre prematuro suele ser consecuencia de un anclaje no cuestionado, más que un fenómeno independiente1.
Existen diversos factores que aumentan la probabilidad de que tenga lugar un sesgo de anclaje: presión asistencial, interrupciones, sobrecarga cognitiva y confianza excesiva en la experiencia previa1.
Estos elementos no dependen del nivel de competencia, sino del contexto organizativo. Así, el sesgo aparece tanto en profesionales en formación como en quienes tienen una trayectoria más dilatada, aunque por mecanismos distintos1.
El anclaje no es específico de una especialidad, ya que se da en especialidades tan diversas como medicina interna, cirugía, atención primaria y urgencias. Para minimizar este sesgo habría que introducir más pausas cognitivas que permitan revisar la hipótesis inicial antes de que se consolide2.
Aunque los contextos difieran, el mecanismo cognitivo se comparte: una hipótesis inicial adquiere un peso desproporcionado y reduce la apertura a alternativas diagnósticas2.
Un análisis sistemático identificó el sesgo de anclaje, junto con el exceso de confianza, como uno de los peligros más asociados a generar complicaciones graves y hasta eventos fatales en entornos quirúrgicos2.
En un estudio sobre mejora de calidad de 5.256 cirugías en los que se identificaron 182 eventos adversos, 38 de ellos (el 21 %) se atribuyeron a sesgos cognitivos y generaron complicaciones postoperatorias, morbilidad y hasta mortalidad2.
Los anclajes no se generan solo a partir de datos clínicos: el aspecto, los diagnósticos previos y otras características del paciente actúan como potentes anclas cognitivas1.
Cuando un síntoma se atribuye de forma automática a una condición conocida, disminuye la probabilidad de explorar explicaciones alternativas. Este fenómeno resulta especialmente relevante en pacientes con patologías múltiples o un historial clínico extenso1.
En concreto, el anclaje en la edad favorece la normalización de síntomas en personas mayores, al provocar retrasos en diagnósticos y decisiones terapéuticas restrictivas3.
El problema no es tener en cuenta los años que tiene el paciente, sino permitir que esa cifra afecte al profesional sanitario a la hora de realizar una valoración clínica completa3.
El color de piel también puede funcionar como ancla implícita. En dermatología se ha descrito cómo heurísticas basadas en prevalencia conducen a diagnósticos erróneos a la hora de interpretar lesiones en pacientes con piel oscura4.
De hecho, existe un caso documentado en el que un diagnóstico inicial no reevaluado retrasó la identificación de un linfoma cutáneo y el paciente falleció4.
Las pruebas complementarias no siempre neutralizan los sesgos cognitivos: incluso pueden reforzar el anclaje cuando sus resultados se interpretan a la luz de una hipótesis previa1.
Este fenómeno explica por qué las pruebas normales no siempre conducen a replantear un diagnóstico inicial incorrecto y por qué algunos hallazgos ambiguos se ajustan a la narrativa clínica ya establecida1.
Ese soporte cognitivo del anclaje en el que los factores humanos no suponen un elemento corrector del sesgo se ha documentado en relación con el uso de tecnologías avanzadas5.
Una revisión mostró que en 302 de 308 casos en los que se utilizó imagen por fluorescencia con verde de indocianina (ICG) la información visual influyó en la toma de decisiones quirúrgicas5.
Sin embargo, en el 38,3 % de los casos tuvieron lugar discrepancias entre las intervenciones dentro del quirófano y los diagnósticos realizados gracias a esas pruebas diagnósticas visuales5.
La consecuencia clínica del sesgo de anclaje es un aumento en la tasa de errores diagnósticos, retrasos en tratamientos y decisiones terapéuticas no alineadas con la evolución real de los pacientes1.
Estos errores no responden a falta de conocimiento, sino a fallos previsibles del razonamiento humano. Por ello, su prevención requiere intervenciones estructurales, no sólo concienciación individual1.
Estrategias como la revisión sistemática del diagnóstico, el trabajo en equipo y el uso de listas de verificación orientadas al razonamiento clínico han mostrado capacidad para reducir el impacto del anclaje2.
Asimismo, la evidencia sugiere que introducir mecanismos de reevaluación explícita mejora la seguridad del paciente y la calidad asistencial general2.
Fuentes:
1. Revista Española de Salud Pública, Impacto del sesgo de anclaje en la toma de decisiones diagnósticas médicas: un estudio experimental https://ojs.sanidad.gob.es/index.php/resp/article/view/933/1845
2. Annals of Surgery, Cognitive Biases and Heuristics in Surgical Settings https://journals.lww.com/annalsofsurgery/fulltext/2025/12000/cognitive_biases_and_heuristics_in_surgical.13.aspx
3. Journal of General Internal Medicine Article, The Silent Threat to Clinical Excellence: Ageism in Medicine https://link.springer.com/article/10.1007/s11606-025-10027-5
4. Journal of the American Academy of Dermatology, Anchoring bias and heuristics can perpetuate disparities in dermatology https://www.jaad.org/article/S0190-9622(22)00904-5/fulltext
5. Updates in Surgery, Human Factors and Quantitative Data: Diverging Perspectives on ICG use in Emergency Bowel Surgery – A systematic literature review https://link.springer.com/article/10.1007/s13304-025-02469-7