Cómo llevar a cabo una investigación éticamente sólida
¿Cuáles son los principios éticos y las consideraciones prácticas en la investigación médica y biomédica. Este curso proporciona las herramientas necesarias par […]
El análisis de 65 millones de menores revela diferencias de más de 20 centímetros entre países y sitúa a España en una posición intermedia-alta de Europa en talla infantil y adolescente
La evolución de la estatura y del índice de masa corporal (IMC) de niños y adolescentes es un indicador de las transformaciones nutricionales, sociales y sanitarias que experimenta una población. Analizar ambos parámetros de forma conjunta ayuda a entender cómo cambian los perfiles de salud desde la infancia hasta el inicio de la edad adulta1.
Así, la talla refleja el efecto acumulado de factores como la alimentación, las infecciones, el entorno familiar o la situación socioeconómica, mientras que el IMC permite valorar el aumento de peso en relación con el crecimiento lineal1.
Un análisis publicado en la revista The Lancet reunió datos de 2.181 encuestas y estudios realizados en 200 países y territorios entre 1985 y 2019. El trabajo incluyó mediciones de 65 millones de participantes: 50 millones entre 5 y 19 años, en los que se pudieron reconstruir las trayectorias de crecimiento; y 15 millones en personas entre 20 y 30 años1.
Tras cubrir el 98,7 % de la población mundial, los autores observaron diferencias amplias entre regiones tanto en estatura como en IMC, lo que refleja desigualdades en nutrición, acceso a cuidados y condiciones de vida durante la infancia y la adolescencia1.
Países Bajos encabezó la clasificación mundial en ambos sexos, seguido por Montenegro, Estonia y Bosnia-Herzegovina en chicos; y Montenegro, Dinamarca e Islandia en chicas. En 2019, los chicos neerlandeses de 19 años alcanzaron una media de 183,78 centímetros, mientras que las chicas llegaban a 170,36 centímetros2.
En el extremo opuesto figuraron Timor Oriental —160,13 centímetros en 2019—, Laos, Islas Salomón y Papúa Nueva Guinea para varones; y Guatemala —150,91—, Bangladés, Nepal y Timor Oriental para mujeres. De hecho, la diferencia entre los países con adolescentes más altos y bajos superaba los 20 centímetros2.
Con sus 176,10 centímetros en chicos y 162,02 en chicas, los datos mostraron que la población española mantuvo estaturas superiores a la mediana mundial durante la infancia y la adolescencia, 5,27 y 3,39 centímetros más, respectivamente2.
Estas cantidades le permitieron ocupar una posición media-alta dentro de Europa, aunque sin alcanzar los registros de otros países del continente. Eso sí, la comparación con Italia y Portugal reveló trayectorias parecidas, propias del entorno mediterráneo2.
La investigación también permitió observar cuándo aparecen las diferencias entre los países. En algunos casos, a los cinco años los niños parten con parámetros próximos a la referencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS), pero durante la adolescencia se alejan de ella1.
Esto indica que la calidad de la dieta, la actividad física, la situación socioeconómica o el entorno educativo influyen sobre el crecimiento después de los primeros años de vida. Los autores subrayan que las políticas de salud y nutrición centradas en menores de cinco años no siempre logran consolidar esos avances durante la etapa escolar1.
En cambio, la evolución del índice de masa corporal siguió un patrón distinto al de la talla, ya que los valores más altos en adolescentes de 19 años se localizaron en países de Oceanía, Oriente Medio y América: algunas naciones del Pacífico superaban los 28 kg/m² de media en ambos sexos. En contraste, los IMC más bajos aparecieron en países del sur de Asia y del África subsahariana: India, Bangladés, Timor Oriental, Etiopía y Chad1.
En Europa Occidental, la situación fue más heterogénea. Países como Portugal, Polonia, Dinamarca e Italia combinaron aumento de altura con incrementos limitados del IMC. Este patrón se considera más favorable, porque refleja un crecimiento lineal sin una acumulación excesiva de peso1.
España mostró un comportamiento próximo al de otros países mediterráneos. Los datos incluidos en el estudio sitúan a los adolescentes españoles por encima de la media mundial en talla y con un IMC moderado respecto a otras regiones con mayor carga de obesidad infantil1.
No obstante, la trayectoria de nuestro país refleja el impacto del aumento de peso observado en Europa durante las últimas décadas. La combinación de sedentarismo, cambios en los hábitos alimentarios y mayor disponibilidad de productos ultraprocesados forma parte de los factores asociados a esta tendencia1.
¿Cuáles son los principios éticos y las consideraciones prácticas en la investigación médica y biomédica. Este curso proporciona las herramientas necesarias par […]
Otro aspecto destacado es que la genética sólo explica una parte limitada de las diferencias entre países y de los cambios de talla y peso observados a lo largo del tiempo1.
Variables como la calidad nutricional, el acceso a proteínas y micronutrientes, las infecciones recurrentes, el saneamiento o el nivel de actividad física tienen un efecto acumulativo sobre el crecimiento. También influyen factores prenatales y el momento en el que comienza la pubertad1.
Este análisis plantea una cuestión relevante para la salud pública: la coexistencia de problemas vinculados al déficit nutricional y el exceso de peso. Algunos países mantienen tallas inferiores a la referencia internacional y, al mismo tiempo, registran aumentos del IMC durante la adolescencia1.
Esta combinación refleja la llamada doble carga de malnutrición, en la que persisten déficits de crecimiento junto a obesidad y sobrepeso1.
Los autores del estudio consideran que las intervenciones deben extenderse a toda la etapa escolar, no limitarse a la primera infancia. Entre las medidas que proponen figuran el establecimiento de programas de alimentación escolar, el acceso a alimentos de mayor calidad nutricional, la promoción de la actividad física y las mejoras en vivienda, agua y saneamiento1.
El objetivo de todas estas iniciativas sería favorecer un crecimiento lineal adecuado, sin provocar un aumento excesivo del peso corporal1.
En España, la evolución de la estatura y del IMC infantil y adolescente refleja parte de las transformaciones sociales que nuestro país registró desde finales del siglo XX. El aumento de la talla media de los jóvenes españoles indica mejoras acumuladas en nutrición y condiciones de vida, mientras que el aumento del IMC aproxima el patrón español al observado en otros países occidentales1.
La comparación de España con Europa muestra que la infancia y la adolescencia siguen siendo etapas clave para intervenir sobre factores que condicionan la salud en la edad adulta1.
Fuentes:
1. The Lancet, Height and body-mass index trajectories of school-aged children and adolescents from 1985 to 2019 in 200 countries and territories: a pooled analysis of 2181 population-based studies with 65 million participants https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(20)31859-6/fulltext
2. NCD Risc, Height. Evolution of adult height over time https://www.ncdrisc.org/data-downloads-height.html
El análisis de 65 millones de menores revela diferencias de más de 20 centímetros entre países y sitúa a España en una posición intermedia-alta de Europa en talla infantil y adolescente
La evolución de la estatura y del índice de masa corporal (IMC) de niños y adolescentes es un indicador de las transformaciones nutricionales, sociales y sanitarias que experimenta una población. Analizar ambos parámetros de forma conjunta ayuda a entender cómo cambian los perfiles de salud desde la infancia hasta el inicio de la edad adulta1.
Así, la talla refleja el efecto acumulado de factores como la alimentación, las infecciones, el entorno familiar o la situación socioeconómica, mientras que el IMC permite valorar el aumento de peso en relación con el crecimiento lineal1.
Un análisis publicado en la revista The Lancet reunió datos de 2.181 encuestas y estudios realizados en 200 países y territorios entre 1985 y 2019. El trabajo incluyó mediciones de 65 millones de participantes: 50 millones entre 5 y 19 años, en los que se pudieron reconstruir las trayectorias de crecimiento; y 15 millones en personas entre 20 y 30 años1.
Tras cubrir el 98,7 % de la población mundial, los autores observaron diferencias amplias entre regiones tanto en estatura como en IMC, lo que refleja desigualdades en nutrición, acceso a cuidados y condiciones de vida durante la infancia y la adolescencia1.
Países Bajos encabezó la clasificación mundial en ambos sexos, seguido por Montenegro, Estonia y Bosnia-Herzegovina en chicos; y Montenegro, Dinamarca e Islandia en chicas. En 2019, los chicos neerlandeses de 19 años alcanzaron una media de 183,78 centímetros, mientras que las chicas llegaban a 170,36 centímetros2.
En el extremo opuesto figuraron Timor Oriental —160,13 centímetros en 2019—, Laos, Islas Salomón y Papúa Nueva Guinea para varones; y Guatemala —150,91—, Bangladés, Nepal y Timor Oriental para mujeres. De hecho, la diferencia entre los países con adolescentes más altos y bajos superaba los 20 centímetros2.
Con sus 176,10 centímetros en chicos y 162,02 en chicas, los datos mostraron que la población española mantuvo estaturas superiores a la mediana mundial durante la infancia y la adolescencia, 5,27 y 3,39 centímetros más, respectivamente2.
Estas cantidades le permitieron ocupar una posición media-alta dentro de Europa, aunque sin alcanzar los registros de otros países del continente. Eso sí, la comparación con Italia y Portugal reveló trayectorias parecidas, propias del entorno mediterráneo2.
La investigación también permitió observar cuándo aparecen las diferencias entre los países. En algunos casos, a los cinco años los niños parten con parámetros próximos a la referencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS), pero durante la adolescencia se alejan de ella1.
Esto indica que la calidad de la dieta, la actividad física, la situación socioeconómica o el entorno educativo influyen sobre el crecimiento después de los primeros años de vida. Los autores subrayan que las políticas de salud y nutrición centradas en menores de cinco años no siempre logran consolidar esos avances durante la etapa escolar1.
En cambio, la evolución del índice de masa corporal siguió un patrón distinto al de la talla, ya que los valores más altos en adolescentes de 19 años se localizaron en países de Oceanía, Oriente Medio y América: algunas naciones del Pacífico superaban los 28 kg/m² de media en ambos sexos. En contraste, los IMC más bajos aparecieron en países del sur de Asia y del África subsahariana: India, Bangladés, Timor Oriental, Etiopía y Chad1.
En Europa Occidental, la situación fue más heterogénea. Países como Portugal, Polonia, Dinamarca e Italia combinaron aumento de altura con incrementos limitados del IMC. Este patrón se considera más favorable, porque refleja un crecimiento lineal sin una acumulación excesiva de peso1.
España mostró un comportamiento próximo al de otros países mediterráneos. Los datos incluidos en el estudio sitúan a los adolescentes españoles por encima de la media mundial en talla y con un IMC moderado respecto a otras regiones con mayor carga de obesidad infantil1.
No obstante, la trayectoria de nuestro país refleja el impacto del aumento de peso observado en Europa durante las últimas décadas. La combinación de sedentarismo, cambios en los hábitos alimentarios y mayor disponibilidad de productos ultraprocesados forma parte de los factores asociados a esta tendencia1.
Otro aspecto destacado es que la genética sólo explica una parte limitada de las diferencias entre países y de los cambios de talla y peso observados a lo largo del tiempo1.
Variables como la calidad nutricional, el acceso a proteínas y micronutrientes, las infecciones recurrentes, el saneamiento o el nivel de actividad física tienen un efecto acumulativo sobre el crecimiento. También influyen factores prenatales y el momento en el que comienza la pubertad1.
Este análisis plantea una cuestión relevante para la salud pública: la coexistencia de problemas vinculados al déficit nutricional y el exceso de peso. Algunos países mantienen tallas inferiores a la referencia internacional y, al mismo tiempo, registran aumentos del IMC durante la adolescencia1.
Esta combinación refleja la llamada doble carga de malnutrición, en la que persisten déficits de crecimiento junto a obesidad y sobrepeso1.
Los autores del estudio consideran que las intervenciones deben extenderse a toda la etapa escolar, no limitarse a la primera infancia. Entre las medidas que proponen figuran el establecimiento de programas de alimentación escolar, el acceso a alimentos de mayor calidad nutricional, la promoción de la actividad física y las mejoras en vivienda, agua y saneamiento1.
El objetivo de todas estas iniciativas sería favorecer un crecimiento lineal adecuado, sin provocar un aumento excesivo del peso corporal1.
En España, la evolución de la estatura y del IMC infantil y adolescente refleja parte de las transformaciones sociales que nuestro país registró desde finales del siglo XX. El aumento de la talla media de los jóvenes españoles indica mejoras acumuladas en nutrición y condiciones de vida, mientras que el aumento del IMC aproxima el patrón español al observado en otros países occidentales1.
La comparación de España con Europa muestra que la infancia y la adolescencia siguen siendo etapas clave para intervenir sobre factores que condicionan la salud en la edad adulta1.
Fuentes:
1. The Lancet, Height and body-mass index trajectories of school-aged children and adolescents from 1985 to 2019 in 200 countries and territories: a pooled analysis of 2181 population-based studies with 65 million participants https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(20)31859-6/fulltext
2. NCD Risc, Height. Evolution of adult height over time https://www.ncdrisc.org/data-downloads-height.html