Cómo llevar a cabo una investigación éticamente sólida
¿Cuáles son los principios éticos y las consideraciones prácticas en la investigación médica y biomédica. Este curso proporciona las herramientas necesarias par […]
Un estudio de gemelos establece que alrededor del 50 % de la variación en la esperanza de vida responde a factores hereditarios, con lo cual, comprender estos determinantes mejora la estratificación del riesgo y permite poner en marcha estrategias preventivas durante la práctica clínica
La longevidad humana no está predeterminada exclusivamente por el estilo de vida o el azar: una proporción sustancial de la variación relacionada con cuánto vive una persona es atribuible en parte a la genética1.
Investigaciones recientes han reestimado la contribución hereditaria de la genética a la esperanza de vida biológica y sugieren que los genes pueden explicar aproximadamente la mitad de la variación observada en la longevidad cuando se excluyen causas externas de muerte, una cantidad similar a la de otras especies2.
Este hecho tiene implicaciones directas a la hora de facilitar la comprensión de los mecanismos biológicos del envejecimiento, así como para diseñar estrategias preventivas que se podrían aplicar en la práctica clínica.
El concepto de heredabilidad se refiere al grado de influencia que tiene el genotipo de un ser humano en la variación de rasgos como la longevidad y que puede atribuirse a diferencias genéticas entre individuos en una población1.
Estudios de gemelos mono y dicigóticos criados juntos y por separado permiten estimar esta heredabilidad y consideran que alrededor del 50-55 % de la variación en la longevidad humana es heredable. Anteriormente, se consideraba que era entre el 20 % y el 30 % y no se distinguían entre causas internas de envejecimiento biológico y factores externos, como accidentes o infecciones2.
Esta conclusión se ha logrado tras analizar datos históricos de miles de pares de gemelos. Al diferenciar la mortalidad intrínseca, que refleja el deterioro biológico ligado a procesos celulares y moleculares, de la mortalidad extrínseca, influida por factores ambientales y sociales, los investigadores han observado que la heredabilidad de la longevidad intrínseca se aproxima a la de rasgos como la estatura o el peso corporal1.
Desde una perspectiva clínica, esto significa que existen rasgos genéticos específicos que modulan la probabilidad de alcanzar edades avanzadas, incluidos genes asociados con la reparación del ADN, la respuesta inmune, la metabolización de lípidos y la resistencia al estrés celular1.
Estudios de asociación del genoma completo (GWAS, por sus siglas en inglés) han identificado múltiples lugares del cromosoma donde se localizan genes asociados con características de longevidad y con enfermedades que influencian la supervivencia, como patologías cardiovasculares o neurodegenerativas3.
En el caso del cáncer, se encontraron genes asociados a la esperanza de vida para variantes comunes y otros seis en los que la carga de variantes con pérdida de función estaba relacionada con una reducción de la esperanza de vida. Además, ocho genes con variantes patógenas de sentido erróneo se asociaron con una reducción de la esperanza de vida y muchos de estos genes están implicados en vías oncogénicas y en la hematopoyesis clonal3.
Un ejemplo claro de algunas implicaciones genéticas para la longevidad proviene de estudios de carga para identificar mutaciones con pérdida de función, unas variaciones todavía no muy conocidas4.
Se ha observado que algunos individuos centenarios presentan menos carga de mutaciones deletéreas en genes clave y esto les permite retrasar o dejar de padecer enfermedades graves relacionadas con la edad, como dolencias cardiovasculares, diabetes o demencia. Esto sugiere que un genoma más “protegido” contra mutaciones dañinas favorece tener una vida más larga y saludable4.
¿Cuáles son los principios éticos y las consideraciones prácticas en la investigación médica y biomédica. Este curso proporciona las herramientas necesarias par […]
Desde una perspectiva evolutiva, el envejecimiento también puede estar influido por variantes genéticas recesivas que permanecen ocultas durante gran parte de la vida y cuyos efectos negativos se manifiestan en edades avanzadas5.
Este planteamiento está respaldado por investigaciones recientes que han analizado la relación entre mutaciones recesivas implicadas en el metabolismo del hierro, como las asociadas a la hemocromatosis, y un aumento de la morbilidad con la edad5.
Los estudios que examinan la heredabilidad de la esperanza de vida indican que una parte de la variación observada no se explica sólo por efectos aditivos de los genes, sino también por efectos de dominancia. Esto sugiere que comprender mejor el papel de las variantes recesivas será clave para interpretar los mecanismos genéticos que influyen en el envejecimiento humano5.
En cualquier caso, conocer los determinantes genéticos no resta importancia a los factores ambientales. A pesar de que los genes explican una parte considerable de la variación en longevidad, el otro 45-50 % depende de factores externos y de comportamiento como la dieta, la actividad física, el tabaquismo, el estado metabólico o las condiciones sociales6.
Un estudio longitudinal sobre más de 350.000 adultos de ascendencia europea reclutados entre 2006 y 2010 a los que se realizó un seguimiento hasta 2021 confirma que adoptar un estilo de vida saludable puede amortiguar las desventajas genéticas y prolongar la vida de las personas para que eviten una muerte prematura6.
Desde un punto de vista de salud pública y clínica, distinguir entre determinantes genéticos y ambientales de la longevidad contribuye a predecir y estratificar riesgos. Así, emplear puntuaciones poligénicas para identificar a pacientes con más predisposición genética a padecer enfermedades que reducen la esperanza de vida puede permitir elaborar estrategias de seguimiento y prevención más individualizadas6.
Además, tener en cuenta que la genética sólo explica parte del potencial de longevidad permite planificar intervenciones sobre el estilo de vida como complemento a la predisposición genética: recomendar los niveles de actividad física más adecuados, evitar el consumo de sustancias dañinas y mantener dietas equilibradas todavía son grandes pilares para maximizar la esperanza de vida6.
Finalmente, potenciar la identificación de los genes y las vías biológicas responsables del envejecimiento del cuerpo puede revelar blancos terapéuticos para fármacos que permitan demorar procesos degenerativos o prevenir enfermedades asociadas con la edad6.
Fuentes:
1. Nature, Longevity is in the genes: half of lifespan is heritable https://www.nature.com/articles/d41586-026-00300
2. Science, Heritability of intrinsic human life span is about 50% when confounding factors are addressed https://www.science.org/doi/10.1126/science.adz1187
3. Nature, Rare genetic associations with human lifespan in UK Biobank are enriched for oncogenic genes, https://www.nature.com/articles/s41467-025-57315-6
4. Nature Communications, Depletion of loss-of-function germline mutations in centenarians reveals longevity genes https://www.nature.com/articles/s41467-024-52967-2
5. Nature Communications, Multivariate genomic scan implicates novel loci and haem metabolism in human ageing https://www.nature.com/articles/s41467-020-17312-3
6. BMJ Evidence-Based Medicine, Genetic predisposition, modifiable lifestyles, and their joint effects on human lifespan: evidence from multiple cohort studies https://ebm.bmj.com/content/29/4/255
Un estudio de gemelos establece que alrededor del 50 % de la variación en la esperanza de vida responde a factores hereditarios, con lo cual, comprender estos determinantes mejora la estratificación del riesgo y permite poner en marcha estrategias preventivas durante la práctica clínica
La longevidad humana no está predeterminada exclusivamente por el estilo de vida o el azar: una proporción sustancial de la variación relacionada con cuánto vive una persona es atribuible en parte a la genética1.
Investigaciones recientes han reestimado la contribución hereditaria de la genética a la esperanza de vida biológica y sugieren que los genes pueden explicar aproximadamente la mitad de la variación observada en la longevidad cuando se excluyen causas externas de muerte, una cantidad similar a la de otras especies2.
Este hecho tiene implicaciones directas a la hora de facilitar la comprensión de los mecanismos biológicos del envejecimiento, así como para diseñar estrategias preventivas que se podrían aplicar en la práctica clínica.
El concepto de heredabilidad se refiere al grado de influencia que tiene el genotipo de un ser humano en la variación de rasgos como la longevidad y que puede atribuirse a diferencias genéticas entre individuos en una población1.
Estudios de gemelos mono y dicigóticos criados juntos y por separado permiten estimar esta heredabilidad y consideran que alrededor del 50-55 % de la variación en la longevidad humana es heredable. Anteriormente, se consideraba que era entre el 20 % y el 30 % y no se distinguían entre causas internas de envejecimiento biológico y factores externos, como accidentes o infecciones2.
Esta conclusión se ha logrado tras analizar datos históricos de miles de pares de gemelos. Al diferenciar la mortalidad intrínseca, que refleja el deterioro biológico ligado a procesos celulares y moleculares, de la mortalidad extrínseca, influida por factores ambientales y sociales, los investigadores han observado que la heredabilidad de la longevidad intrínseca se aproxima a la de rasgos como la estatura o el peso corporal1.
Desde una perspectiva clínica, esto significa que existen rasgos genéticos específicos que modulan la probabilidad de alcanzar edades avanzadas, incluidos genes asociados con la reparación del ADN, la respuesta inmune, la metabolización de lípidos y la resistencia al estrés celular1.
Estudios de asociación del genoma completo (GWAS, por sus siglas en inglés) han identificado múltiples lugares del cromosoma donde se localizan genes asociados con características de longevidad y con enfermedades que influencian la supervivencia, como patologías cardiovasculares o neurodegenerativas3.
En el caso del cáncer, se encontraron genes asociados a la esperanza de vida para variantes comunes y otros seis en los que la carga de variantes con pérdida de función estaba relacionada con una reducción de la esperanza de vida. Además, ocho genes con variantes patógenas de sentido erróneo se asociaron con una reducción de la esperanza de vida y muchos de estos genes están implicados en vías oncogénicas y en la hematopoyesis clonal3.
Un ejemplo claro de algunas implicaciones genéticas para la longevidad proviene de estudios de carga para identificar mutaciones con pérdida de función, unas variaciones todavía no muy conocidas4.
Se ha observado que algunos individuos centenarios presentan menos carga de mutaciones deletéreas en genes clave y esto les permite retrasar o dejar de padecer enfermedades graves relacionadas con la edad, como dolencias cardiovasculares, diabetes o demencia. Esto sugiere que un genoma más “protegido” contra mutaciones dañinas favorece tener una vida más larga y saludable4.
Desde una perspectiva evolutiva, el envejecimiento también puede estar influido por variantes genéticas recesivas que permanecen ocultas durante gran parte de la vida y cuyos efectos negativos se manifiestan en edades avanzadas5.
Este planteamiento está respaldado por investigaciones recientes que han analizado la relación entre mutaciones recesivas implicadas en el metabolismo del hierro, como las asociadas a la hemocromatosis, y un aumento de la morbilidad con la edad5.
Los estudios que examinan la heredabilidad de la esperanza de vida indican que una parte de la variación observada no se explica sólo por efectos aditivos de los genes, sino también por efectos de dominancia. Esto sugiere que comprender mejor el papel de las variantes recesivas será clave para interpretar los mecanismos genéticos que influyen en el envejecimiento humano5.
En cualquier caso, conocer los determinantes genéticos no resta importancia a los factores ambientales. A pesar de que los genes explican una parte considerable de la variación en longevidad, el otro 45-50 % depende de factores externos y de comportamiento como la dieta, la actividad física, el tabaquismo, el estado metabólico o las condiciones sociales6.
Un estudio longitudinal sobre más de 350.000 adultos de ascendencia europea reclutados entre 2006 y 2010 a los que se realizó un seguimiento hasta 2021 confirma que adoptar un estilo de vida saludable puede amortiguar las desventajas genéticas y prolongar la vida de las personas para que eviten una muerte prematura6.
Desde un punto de vista de salud pública y clínica, distinguir entre determinantes genéticos y ambientales de la longevidad contribuye a predecir y estratificar riesgos. Así, emplear puntuaciones poligénicas para identificar a pacientes con más predisposición genética a padecer enfermedades que reducen la esperanza de vida puede permitir elaborar estrategias de seguimiento y prevención más individualizadas6.
Además, tener en cuenta que la genética sólo explica parte del potencial de longevidad permite planificar intervenciones sobre el estilo de vida como complemento a la predisposición genética: recomendar los niveles de actividad física más adecuados, evitar el consumo de sustancias dañinas y mantener dietas equilibradas todavía son grandes pilares para maximizar la esperanza de vida6.
Finalmente, potenciar la identificación de los genes y las vías biológicas responsables del envejecimiento del cuerpo puede revelar blancos terapéuticos para fármacos que permitan demorar procesos degenerativos o prevenir enfermedades asociadas con la edad6.
Fuentes:
1. Nature, Longevity is in the genes: half of lifespan is heritable https://www.nature.com/articles/d41586-026-00300
2. Science, Heritability of intrinsic human life span is about 50% when confounding factors are addressed https://www.science.org/doi/10.1126/science.adz1187
3. Nature, Rare genetic associations with human lifespan in UK Biobank are enriched for oncogenic genes, https://www.nature.com/articles/s41467-025-57315-6
4. Nature Communications, Depletion of loss-of-function germline mutations in centenarians reveals longevity genes https://www.nature.com/articles/s41467-024-52967-2
5. Nature Communications, Multivariate genomic scan implicates novel loci and haem metabolism in human ageing https://www.nature.com/articles/s41467-020-17312-3
6. BMJ Evidence-Based Medicine, Genetic predisposition, modifiable lifestyles, and their joint effects on human lifespan: evidence from multiple cohort studies https://ebm.bmj.com/content/29/4/255