Salud mental y bienestar de los profesionales sanitarios
La salud mental de los profesionales sanitarios está influida por determinantes sociales y factores laborales. Es clave identificar riesgos y recursos, promover la equidad en el acceso a […]
Practicar distintas modalidades de ejercicio puede reducir la mortalidad hasta un 19 %, según estudios de cohortes con más de 100.000 participantes
La actividad física es uno de los factores que más influencia tienen sobre la mortalidad y el riesgo de padecer enfermedades crónicas. Numerosos estudios epidemiológicos muestran que las personas físicamente activas presentan menor incidencia de sufrir una enfermedad cardiovascular, cáncer y patologías respiratorias en comparación con las personas más sedentarias1.
Sin embargo, no todas las actividades generan el mismo efecto ni actúan a través de los mismos mecanismos fisiológicos. El tipo de ejercicio, la intensidad de la práctica y la combinación de diferentes actividades modifican el perfil de riesgo2.
Un análisis prospectivo que incluyó a 111.467 profesionales sanitarios —70.725 mujeres y 40.742 hombres— evaluó la relación entre diferentes tipos de actividad física y mortalidad1.
El análisis incluyó un seguimiento acumulado equivalente a 2.431.318 personas durante un año. En este periodo se registraron 38.847 fallecimientos, de los cuales 10.719 se debieron a cánceres, 9.901 a enfermedades cardiovasculares y 3.159 a patologías respiratorias. Los resultados mostraron una asociación inversa entre el volumen de actividad física y la mortalidad por todas las causas1.
Cada actividad física posee un equivalente metabólico (MET, por sus siglas en inglés), basado en que 1 MET equivale al consumo energético de estar sentado en reposo. Los análisis de dosis-respuesta indicaron que el descenso del riesgo aumenta conforme crece la actividad física total, pero tiende a estabilizarse tras alcanzar determinados niveles1.
Así, los análisis mostraron que la reducción del riesgo se suele equilibrar alrededor de las 20 horas MET/semana de actividad física total, lo que sugiere la existencia de un umbral a partir del cual el beneficio adicional es menor1.
Andar es la actividad física que más practica la población adulta y tiene una de las asociaciones más claras con la supervivencia. En el estudio de BMJ Medicine, las personas que más caminaban registraron una tasa de riesgo de mortalidad de 0,83 en comparación con quienes pasean menos. Este valor equivale a una reducción del peligro de muerte que ronda el 17 %1.
Otras actividades de baja intensidad realizadas en la vida diaria se asocian con una mortalidad menor. Por ejemplo, la tasa de riesgo de subir escaleras fue de 0,90, equivalente a una reducción aproximada del 10 % en el peligro de muerte frente a quienes realizaban menos ascensos diarios3.
Las actividades más enérgicas también mostraron asociaciones con menor mortalidad: se observó una tasa de riesgo de 0,89 en las personas que realizan carrera suave y de 0,87 en quienes corren, frente a quienes no realizan esas prácticas. Estas cifras corresponden a reducciones aproximadas del 11 % y el 13 % en el peligro de muerte1.
Las curvas de dosis-respuesta muestran que el beneficio de correr aumenta hasta cerca de 3 horas MET/semana, tras lo cual la reducción de la amenaza continúa con una pendiente menor. Estos datos sugieren que el aumento de intensidad produce mejoras en la capacidad cardiorrespiratoria y el metabolismo energético, factores implicados en el riesgo cardiovascular2.
La salud mental de los profesionales sanitarios está influida por determinantes sociales y factores laborales. Es clave identificar riesgos y recursos, promover la equidad en el acceso a […]
Los deportes de raqueta presentan una de las asociaciones más favorables con la supervivencia. En el análisis de cohortes, la práctica de tenis, squash o racquetball se asoció con un ratio de riesgo de 0,85, que corresponde a una reducción aproximada del 15 % en el peligro de muerte frente a quienes no practican estas actividades3.
Debido a su carácter intermitente, estas disciplinas combinan esfuerzos aeróbicos con cambios de dirección e implican a diferentes grupos musculares. Su beneficio tiende a estabilizarse en torno a 5 horas MET/semana1.
El entrenamiento de fuerza también mostró una asociación significativa con una mortalidad menor. En el análisis de cohortes, la práctica de ejercicios de fuerza o resistencia se asoció con una tasa de riesgo de 0,87, equivalente a una reducción aproximada del 13 % en el peligro de muerte frente a quienes no los realizaban3.
Las curvas de dosis-respuesta indicaron que el beneficio de este entrenamiento tiende a estabilizarse cerca de 7,5 horas MET/semana. Estos resultados coinciden con ensayos clínicos que indicaron la relación con mejoras en masa muscular, fuerza funcional y metabolismo glucídico —factores implicados en la prevención de la fragilidad y las enfermedades metabólicas—, así como con el incremento de masa magra y densidad mineral ósea cuando se incluyen ejercicios de resistencia1.
El ciclismo mostró una asociación más moderada con la mortalidad. Su tasa de riesgo fue de 0,96, que corresponde a una reducción aproximada del 4 % en el peligro de muerte entre quienes montaban más en bicicleta1.
En este estudio, la natación no mostró una asociación significativa con la mortalidad, ya que su ratio de riesgo fue de 1,01. En cualquier caso, la intensidad real de la práctica varía mucho entre los individuos y esto dificulta estimar el gasto energético con precisión1.
Con el objeto de evaluar tanto el volumen total de ejercicio como el impacto de la variedad de actividades físicas practicadas, los investigadores crearon una puntuación basada en el número de modalidades de ejercicio que realizaba cada persona de forma habitual por semana1.
Los participantes con más diversidad de actividades presentaron una mortalidad por todas las causas un 19 % menor en comparación con quienes su práctica era menos variada, así como reducciones entre el 13 % y el 41 % en muertes por causas cardiovasculares, oncológicas, respiratorias y otros motivos, incluso tras ajustar los resultados por el volumen total de actividad física1.
Los datos disponibles indican que practicar cualquier actividad física está asociado con una mortalidad menor, aunque existen diferencias entre las actividades. Caminar, correr, jugar a deportes de raqueta o realizar entrenamientos de fuerza muestran una relación consistente con un riesgo de muerte inferior y la incorporación progresiva de actividades cada vez más intensas amplía los beneficios1.
En cualquier caso, realizar varias de estas actividades ofrece mayor reducción de mortalidad que centrarse en una sola disciplina. La combinación de modalidades aeróbicas y de fuerza adaptada a las características de los pacientes permite alcanzar distintos estímulos fisiológicos y facilita la adherencia a largo plazo. Este aspecto resulta relevante en la prescripción de ejercicio en población general y también en personas con enfermedades crónicas2.
Fuentes:
1. BMJ Medicine, Physical activity types, variety, and mortality: results from two prospective cohort studies https://bmjmedicine.bmj.com/content/bmjmed/5/1/e001513.full.pdf
2. Journal of the American Heart Association, Long-Term Leisure-Time Physical Activity Intensity and All-Cause and Cause-Specific Mortality: A Prospective Cohort of US Adults https://www.ahajournals.org/doi/10.1161/CIRCULATIONAHA.121.058162
3. MedIndia, Boost Your Lifespan: Benefits of Mixing Up Your Workouts https://www.medindia.net/news/boost-your-lifespan-benefits-of-mixing-up-your-workouts-222215-1.htm
Practicar distintas modalidades de ejercicio puede reducir la mortalidad hasta un 19 %, según estudios de cohortes con más de 100.000 participantes
La actividad física es uno de los factores que más influencia tienen sobre la mortalidad y el riesgo de padecer enfermedades crónicas. Numerosos estudios epidemiológicos muestran que las personas físicamente activas presentan menor incidencia de sufrir una enfermedad cardiovascular, cáncer y patologías respiratorias en comparación con las personas más sedentarias1.
Sin embargo, no todas las actividades generan el mismo efecto ni actúan a través de los mismos mecanismos fisiológicos. El tipo de ejercicio, la intensidad de la práctica y la combinación de diferentes actividades modifican el perfil de riesgo2.
Un análisis prospectivo que incluyó a 111.467 profesionales sanitarios —70.725 mujeres y 40.742 hombres— evaluó la relación entre diferentes tipos de actividad física y mortalidad1.
El análisis incluyó un seguimiento acumulado equivalente a 2.431.318 personas durante un año. En este periodo se registraron 38.847 fallecimientos, de los cuales 10.719 se debieron a cánceres, 9.901 a enfermedades cardiovasculares y 3.159 a patologías respiratorias. Los resultados mostraron una asociación inversa entre el volumen de actividad física y la mortalidad por todas las causas1.
Cada actividad física posee un equivalente metabólico (MET, por sus siglas en inglés), basado en que 1 MET equivale al consumo energético de estar sentado en reposo. Los análisis de dosis-respuesta indicaron que el descenso del riesgo aumenta conforme crece la actividad física total, pero tiende a estabilizarse tras alcanzar determinados niveles1.
Así, los análisis mostraron que la reducción del riesgo se suele equilibrar alrededor de las 20 horas MET/semana de actividad física total, lo que sugiere la existencia de un umbral a partir del cual el beneficio adicional es menor1.
Andar es la actividad física que más practica la población adulta y tiene una de las asociaciones más claras con la supervivencia. En el estudio de BMJ Medicine, las personas que más caminaban registraron una tasa de riesgo de mortalidad de 0,83 en comparación con quienes pasean menos. Este valor equivale a una reducción del peligro de muerte que ronda el 17 %1.
Otras actividades de baja intensidad realizadas en la vida diaria se asocian con una mortalidad menor. Por ejemplo, la tasa de riesgo de subir escaleras fue de 0,90, equivalente a una reducción aproximada del 10 % en el peligro de muerte frente a quienes realizaban menos ascensos diarios3.
Las actividades más enérgicas también mostraron asociaciones con menor mortalidad: se observó una tasa de riesgo de 0,89 en las personas que realizan carrera suave y de 0,87 en quienes corren, frente a quienes no realizan esas prácticas. Estas cifras corresponden a reducciones aproximadas del 11 % y el 13 % en el peligro de muerte1.
Las curvas de dosis-respuesta muestran que el beneficio de correr aumenta hasta cerca de 3 horas MET/semana, tras lo cual la reducción de la amenaza continúa con una pendiente menor. Estos datos sugieren que el aumento de intensidad produce mejoras en la capacidad cardiorrespiratoria y el metabolismo energético, factores implicados en el riesgo cardiovascular2.
Los deportes de raqueta presentan una de las asociaciones más favorables con la supervivencia. En el análisis de cohortes, la práctica de tenis, squash o racquetball se asoció con una ratio de riesgo de 0,85, que corresponde a una reducción aproximada del 15 % en el peligro de muerte frente a quienes no practican estas actividades3.
Debido a su carácter intermitente, estas disciplinas combinan esfuerzos aeróbicos con cambios de dirección e implican a diferentes grupos musculares. Su beneficio tiende a estabilizarse en torno a 5 horas MET/semana1.
El entrenamiento de fuerza también mostró una asociación significativa con una mortalidad menor. En el análisis de cohortes, la práctica de ejercicios de fuerza o resistencia se asoció con una tasa de riesgo de 0,87, equivalente a una reducción aproximada del 13 % en el peligro de muerte frente a quienes no los realizaban3.
Las curvas de dosis-respuesta indicaron que el beneficio de este entrenamiento tiende a estabilizarse cerca de 7,5 horas MET/semana. Estos resultados coinciden con ensayos clínicos que indicaron la relación con mejoras en masa muscular, fuerza funcional y metabolismo glucídico —factores implicados en la prevención de la fragilidad y las enfermedades metabólicas—, así como con el incremento de masa magra y densidad mineral ósea cuando se incluyen ejercicios de resistencia1.
El ciclismo mostró una asociación más moderada con la mortalidad. Su tasa de riesgo fue de 0,96, que corresponde a una reducción aproximada del 4 % en el peligro de muerte entre quienes montaban más en bicicleta1.
En este estudio, la natación no mostró una asociación significativa con la mortalidad, ya que su ratio de riesgo fue de 1,01. En cualquier caso, la intensidad real de la práctica varía mucho entre los individuos y esto dificulta estimar el gasto energético con precisión1.
Con el objeto de evaluar tanto el volumen total de ejercicio como el impacto de la variedad de actividades físicas practicadas, los investigadores crearon una puntuación basada en el número de modalidades de ejercicio que realizaba cada persona de forma habitual por semana1.
Los participantes con más diversidad de actividades presentaron una mortalidad por todas las causas un 19 % menor en comparación con quienes su práctica era menos variada, así como reducciones entre el 13 % y el 41 % en muertes por causas cardiovasculares, oncológicas, respiratorias y otros motivos, incluso tras ajustar los resultados por el volumen total de actividad física1.
Los datos disponibles indican que practicar cualquier actividad física está asociado con una mortalidad menor, aunque existen diferencias entre las actividades. Caminar, correr, jugar a deportes de raqueta o realizar entrenamientos de fuerza muestran una relación consistente con un riesgo de muerte inferior y la incorporación progresiva de actividades cada vez más intensas amplía los beneficios1.
En cualquier caso, realizar varias de estas actividades ofrece mayor reducción de mortalidad que centrarse en una sola disciplina. La combinación de modalidades aeróbicas y de fuerza adaptada a las características de los pacientes permite alcanzar distintos estímulos fisiológicos y facilita la adherencia a largo plazo. Este aspecto resulta relevante en la prescripción de ejercicio en población general y también en personas con enfermedades crónicas2.
Fuentes:
1. BMJ Medicine, Physical activity types, variety, and mortality: results from two prospective cohort studies https://bmjmedicine.bmj.com/content/bmjmed/5/1/e001513.full.pdf
2. Journal of the American Heart Association, Long-Term Leisure-Time Physical Activity Intensity and All-Cause and Cause-Specific Mortality: A Prospective Cohort of US Adults https://www.ahajournals.org/doi/10.1161/CIRCULATIONAHA.121.058162
3. MedIndia, Boost Your Lifespan: Benefits of Mixing Up Your Workouts https://www.medindia.net/news/boost-your-lifespan-benefits-of-mixing-up-your-workouts-222215-1.htm