Cómo llevar a cabo una investigación éticamente sólida
¿Cuáles son los principios éticos y las consideraciones prácticas en la investigación médica y biomédica. Este curso proporciona las herramientas necesarias par […]
Los conocimientos adquiridos tras analizar modelos tisulares derivados de los astronautas de la NASA que sobrevolaron la Luna permitirán desarrollar terapias oncológicas y estrategias de prevención
La misión Artemis II, que tuvo lugar durante los primeros días de abril, introdujo un modelo de vigilancia sanitaria continuo a una tripulación compuesta por cuatro personas —una mujer y tres hombres: Christina Koch, Reid Wiseman, Victor Glover y Jeremy Hansen— en un entorno de microgravedad y radiación fuera de la magnetosfera terrestre y sin actividad extravehicular1.
Este contexto, en el cual esos astronautas se acercaron más a la Luna que cualquier otro ser humano en más de medio siglo, combinó factores de riesgo conocidos con nuevas condiciones de exposición que ampliaron el campo de la medicina espacial aplicada a misiones más largas2.
Para elegir a los astronautas de la misión Artemis II, la NASA realizó un proceso de selección y recertificación con la intención de excluir patologías incompatibles con el vuelo espacial y evaluó su capacidad para operar en condiciones de microgravedad, hipobaria y aislamiento3.
Este proceso incluyó el cribado de infecciones por microorganismos como el Helicobacter pylori, una inmunización previa y un programa de estabilización sanitaria que reduce el riesgo infeccioso antes del lanzamiento, con una cuarentena y otras medidas preventivas3.
La preparación médica previa al despegue integró una evaluación basal, entrenamiento y diversas contramedidas. Este enfoque buscó reducir la necesidad de realizar intervenciones durante la misión y documentar los cambios fisiológicos asociados al vuelo espacial. La vigilancia se extenderá al periodo posterior a la misión, con programas de reacondicionamiento dirigidos a recuperar el estado funcional previo3.
Durante la misión, el cuidado médico se apoyó en un sistema distribuido que combinó kits médicos modulares, dispositivos de administración farmacológica en condiciones de presurización y soporte desde la Tierra mediante dispositivos audiovisuales. La capacidad de consulta en tiempo real con personal médico permitió guiar procedimientos y optimizar la toma de decisiones clínicas, en un entorno con recursos limitados4.
La monitorización del estado de salud de Koch, Wiseman, Glover y Hansen se basó en un modelo continuo que incluyó la evaluación de parámetros fisiológicos, el seguimiento de eventos clínicos y el registro de cambios relacionados con la exposición a microgravedad5.
Esos datos se integraron en sistemas digitales con capacidad de transmisión a la Tierra, donde se realizaron análisis longitudinales y ajustes de intervenciones durante la misión3.
El entorno de microgravedad induce alteraciones fisiológicas multisistémicas: una pérdida de densidad mineral ósea que ronda el 1-1,5 % mensual, reducción de masa muscular y alteraciones cardiovasculares que afectan la tolerancia ortostática tras regresar a un entorno con gravedad. Estos cambios reflejan la adaptación del organismo a la ausencia de carga mecánica y condicionan la capacidad funcional de la tripulación6.
En los ámbitos neurológico y sensorial, la microgravedad genera alteraciones sensorimotoras con desorientación espacial, cinetosis y déficit en el control postural. El síndrome de adaptación espacial (SAS, por sus siglas en inglés) afecta hasta al 73 % de los astronautas en los 2-3 primeros días de misión y puede comprometer el rendimiento operativo debido a síntomas como náuseas, disminución de la concentración y fatiga7.
¿Cuáles son los principios éticos y las consideraciones prácticas en la investigación médica y biomédica. Este curso proporciona las herramientas necesarias par […]
Durante el vuelo espacial, el sistema visual también se ve afectado mediante el síndrome neuroocular asociado (SANS). Incluye edema de papila, cambios refractivos y alteraciones estructurales oculares. La hipótesis fisiopatológica se centra en la redistribución de fluidos y un aumento de presión intracraneal en microgravedad, que tienen un impacto potencial en la función visual durante la misión8.
Por otro lado, el aislamiento y el confinamiento en un volumen reducido introducen riesgos para la salud conductual. La desincronización circadiana, la privación de sueño y la carga cognitiva condicionan el rendimiento y pueden aumentar la probabilidad de cometer errores. Al mismo tiempo, la exposición prolongada a un entorno cerrado se asocia con estrés, cambios de conducta y riesgo de padecer trastornos psiquiátricos, si no se detectan o tratan9.
En este contexto, el experimento Avatar introdujo un enfoque basado en modelos biológicos personalizados. Mediante órganos en un chip (OOC) con células de los astronautas10, tras la misión Artemis II, la NASA podrá estudiar las consecuencias de la radiación y la microgravedad sobre los tejidos humanos. De hecho, prestará una atención especial a la médula ósea, como sistema hematopoyético y marcador de respuesta biológica11.
Estos dispositivos orgánicos, que tienen un tamaño similar al de una memoria USB, permiten comparar en paralelo muestras expuestas al entorno espacial. Se trata de un método que amplía la capacidad de estudio más allá de los análisis tradicionales, debido a que facilita el análisis de los cambios en las células sanguíneas y los mecanismos moleculares asociados a haber estado expuesto a radiación cósmica11.
El uso de OOC con células específicas de cada astronauta introduce la opción de evolucionar hacia un modelo de medicina personalizada en el ámbito espacial. Así, permitirá anticipar la respuesta individual a factores de riesgo, diseñar contramedidas adaptadas y hasta preparar kits médicos personalizados para misiones que tengan una duración mayor11.
En comparación con el conocimiento previo, basado en misiones en órbita baja y muestras limitadas, Artemis II aportó datos en un entorno de radiación más intenso y fuera de la magnetosfera terrestre. Esa incorporación de modelos experimentales en tiempo real permite analizar procesos biológicos tanto antes como durante y después de la exposición, lo que reduce la incertidumbre a la hora de evaluar riesgos11.
Este avance tiene implicaciones directas para la medicina. El estudio de la médula ósea y la respuesta a la radiación pueden contribuir al progreso de terapias oncológicas y estrategias de protección frente a daño celular. Además, la tecnología organ-on-a-chip facilita la investigación de enfermedades y del envejecimiento en condiciones controladas11.
El desarrollo del sistema médico de la misión Artemis II integró estos avances en un marco operativo que equilibró las necesidades clínicas con las limitaciones de masa, volumen y autonomía del vehículo espacial. Sin embargo, la evolución hacia misiones de mayor duración requerirá ampliar las capacidades diagnósticas, terapéuticas y de soporte vital en entornos con menor dependencia de soporte médico desde la Tierra1.
Fuentes:
1. NASA, Artemis II Science https://www.nasa.gov/humans-in-space/artemis-ii-science/
2. NASA, Lunar Discovery and Exploration https://science.nasa.gov/lunar-science/
3. NASA, Space flight medical selection, recertification and mission evaluation standards https://www.nasa.gov/wp-content/uploads/2023/04/ochmo-std-100.1a.pdf
4. NASA, TRISH Orbit Rendezvous Teleconference. Artemis Medical System Overview. https://ntrs.nasa.gov/citations/20210021709
5. NASA, ARCHeR https://www.nasa.gov/reference/archer/
6. NASA, The Human Body in Space https://www.nasa.gov/humans-in-space/the-human-body-in-space/
7. NASA, Space Adaptation Sickness (SAS) and Space Readaptation Syndrome https://www.nasa.gov/wp-content/uploads/2025/09/ochmo-mtb-004-space-adaptation-sickness-sas.pdf
8. NASA, 3.0 Health and Medical Care https://www.nasa.gov/reference/3-0-health-and-medical-care/
9. NASA, Behavioral Health and Performance https://www.nasa.gov/wp-content/uploads/2023/12/ochmo-tb-016-behavioral-health.pdf
10. Wyss Institute technologies enable breakthrough in astronaut health research aboard NASA’s Artemis II mission https://wyss.harvard.edu/news/wyss-institute-technologies-enable-breakthrough-in-astronaut-health-research-aboard-nasas-artemis-ii-mission/
11. NASA, AVATAR. A Virtual Astronaut Tissue Analog Response https://assets.science.nasa.gov/content/dam/science/bps/bps_investigations/organ_chip/BPS_1PG_AVATAR_Final_29_08_25.pdf
Los conocimientos adquiridos tras analizar modelos tisulares derivados de los astronautas de la NASA que sobrevolaron la Luna permitirán desarrollar terapias oncológicas y estrategias de prevención
La misión Artemis II, que tuvo lugar durante los primeros días de abril, introdujo un modelo de vigilancia sanitaria continuo a una tripulación compuesta por cuatro personas —una mujer y tres hombres: Christina Koch, Reid Wiseman, Victor Glover y Jeremy Hansen— en un entorno de microgravedad y radiación fuera de la magnetosfera terrestre y sin actividad extravehicular1.
Este contexto, en el cual esos astronautas se acercaron más a la Luna que cualquier otro ser humano en más de medio siglo, combinó factores de riesgo conocidos con nuevas condiciones de exposición que ampliaron el campo de la medicina espacial aplicada a misiones más largas2.
Para elegir a los astronautas de la misión Artemis II, la NASA realizó un proceso de selección y recertificación con la intención de excluir patologías incompatibles con el vuelo espacial y evaluó su capacidad para operar en condiciones de microgravedad, hipobaria y aislamiento3.
Este proceso incluyó el cribado de infecciones por microorganismos como el Helicobacter pylori, una inmunización previa y un programa de estabilización sanitaria que reduce el riesgo infeccioso antes del lanzamiento, con una cuarentena y otras medidas preventivas3.
La preparación médica previa al despegue integró una evaluación basal, entrenamiento y diversas contramedidas. Este enfoque buscó reducir la necesidad de realizar intervenciones durante la misión y documentar los cambios fisiológicos asociados al vuelo espacial. La vigilancia se extenderá al periodo posterior a la misión, con programas de reacondicionamiento dirigidos a recuperar el estado funcional previo3.
Durante la misión, el cuidado médico se apoyó en un sistema distribuido que combinó kits médicos modulares, dispositivos de administración farmacológica en condiciones de presurización y soporte desde la Tierra mediante dispositivos audiovisuales. La capacidad de consulta en tiempo real con personal médico permitió guiar procedimientos y optimizar la toma de decisiones clínicas, en un entorno con recursos limitados4.
La monitorización del estado de salud de Koch, Wiseman, Glover y Hansen se basó en un modelo continuo que incluyó la evaluación de parámetros fisiológicos, el seguimiento de eventos clínicos y el registro de cambios relacionados con la exposición a microgravedad5.
Esos datos se integraron en sistemas digitales con capacidad de transmisión a la Tierra, donde se realizaron análisis longitudinales y ajustes de intervenciones durante la misión3.
El entorno de microgravedad induce alteraciones fisiológicas multisistémicas: una pérdida de densidad mineral ósea que ronda el 1-1,5 % mensual, reducción de masa muscular y alteraciones cardiovasculares que afectan la tolerancia ortostática tras regresar a un entorno con gravedad. Estos cambios reflejan la adaptación del organismo a la ausencia de carga mecánica y condicionan la capacidad funcional de la tripulación6.
En los ámbitos neurológico y sensorial, la microgravedad genera alteraciones sensorimotoras con desorientación espacial, cinetosis y déficit en el control postural. El síndrome de adaptación espacial (SAS, por sus siglas en inglés) afecta hasta al 73 % de los astronautas en los 2-3 primeros días de misión y puede comprometer el rendimiento operativo debido a síntomas como náuseas, disminución de la concentración y fatiga7.
Durante el vuelo espacial, el sistema visual también se ve afectado mediante el síndrome neuroocular asociado (SANS). Incluye edema de papila, cambios refractivos y alteraciones estructurales oculares. La hipótesis fisiopatológica se centra en la redistribución de fluidos y un aumento de presión intracraneal en microgravedad, que tienen un impacto potencial en la función visual durante la misión8.
Por otro lado, el aislamiento y el confinamiento en un volumen reducido introducen riesgos para la salud conductual. La desincronización circadiana, la privación de sueño y la carga cognitiva condicionan el rendimiento y pueden aumentar la probabilidad de cometer errores. Al mismo tiempo, la exposición prolongada a un entorno cerrado se asocia con estrés, cambios de conducta y riesgo de padecer trastornos psiquiátricos, si no se detectan o tratan9.
En este contexto, el experimento Avatar introdujo un enfoque basado en modelos biológicos personalizados. Mediante órganos en un chip (OOC) con células de los astronautas10, tras la misión Artemis II, la NASA podrá estudiar las consecuencias de la radiación y la microgravedad sobre los tejidos humanos. De hecho, prestará una atención especial a la médula ósea, como sistema hematopoyético y marcador de respuesta biológica11.
Estos dispositivos orgánicos, que tienen un tamaño similar al de una memoria USB, permiten comparar en paralelo muestras expuestas al entorno espacial. Se trata de un método que amplía la capacidad de estudio más allá de los análisis tradicionales, debido a que facilita el análisis de los cambios en las células sanguíneas y los mecanismos moleculares asociados a haber estado expuesto a radiación cósmica11.
El uso de OOC con células específicas de cada astronauta introduce la opción de evolucionar hacia un modelo de medicina personalizada en el ámbito espacial. Así, permitirá anticipar la respuesta individual a factores de riesgo, diseñar contramedidas adaptadas y hasta preparar kits médicos personalizados para misiones que tengan una duración mayor11.
En comparación con el conocimiento previo, basado en misiones en órbita baja y muestras limitadas, Artemis II aportó datos en un entorno de radiación más intenso y fuera de la magnetosfera terrestre. Esa incorporación de modelos experimentales en tiempo real permite analizar procesos biológicos tanto antes como durante y después de la exposición, lo que reduce la incertidumbre a la hora de evaluar riesgos11.
Este avance tiene implicaciones directas para la medicina. El estudio de la médula ósea y la respuesta a la radiación pueden contribuir al progreso de terapias oncológicas y estrategias de protección frente a daño celular. Además, la tecnología organ-on-a-chip facilita la investigación de enfermedades y del envejecimiento en condiciones controladas11.
El desarrollo del sistema médico de la misión Artemis II integró estos avances en un marco operativo que equilibró las necesidades clínicas con las limitaciones de masa, volumen y autonomía del vehículo espacial. Sin embargo, la evolución hacia misiones de mayor duración requerirá ampliar las capacidades diagnósticas, terapéuticas y de soporte vital en entornos con menor dependencia de soporte médico desde la Tierra1.
Fuentes:
1. NASA, Artemis II Science https://www.nasa.gov/humans-in-space/artemis-ii-science/
2. NASA, Lunar Discovery and Exploration https://science.nasa.gov/lunar-science/
3. NASA, Space flight medical selection, recertification and mission evaluation standards https://www.nasa.gov/wp-content/uploads/2023/04/ochmo-std-100.1a.pdf
4. NASA, TRISH Orbit Rendezvous Teleconference. Artemis Medical System Overview. https://ntrs.nasa.gov/citations/20210021709
5. NASA, ARCHeR https://www.nasa.gov/reference/archer/
6. NASA, The Human Body in Space https://www.nasa.gov/humans-in-space/the-human-body-in-space/
7. NASA, Space Adaptation Sickness (SAS) and Space Readaptation Syndrome https://www.nasa.gov/wp-content/uploads/2025/09/ochmo-mtb-004-space-adaptation-sickness-sas.pdf
8. NASA, 3.0 Health and Medical Care https://www.nasa.gov/reference/3-0-health-and-medical-care/
9. NASA, Behavioral Health and Performance https://www.nasa.gov/wp-content/uploads/2023/12/ochmo-tb-016-behavioral-health.pdf
10. Wyss Institute technologies enable breakthrough in astronaut health research aboard NASA’s Artemis II mission https://wyss.harvard.edu/news/wyss-institute-technologies-enable-breakthrough-in-astronaut-health-research-aboard-nasas-artemis-ii-mission/
11. NASA, AVATAR. A Virtual Astronaut Tissue Analog Response https://assets.science.nasa.gov/content/dam/science/bps/bps_investigations/organ_chip/BPS_1PG_AVATAR_Final_29_08_25.pdf