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Alimentación y ejercicio físico como moduladores de la microbiota intestinal

La dieta y la actividad física generan cambios en la diversidad bacteriana y en la producción de metabolitos que modulan los microorganismos del intestino, una interacción que influye en procesos metabólicos o inmunitarios y en el riesgo de padecer enfermedades

Alimentos servidos en un bowl junto con unas mancuernas y unas zapatillas deportivas.

La microbiota intestinal, compuesta por microorganismos que forman un ecosistema dinámico, está influida por factores que modifican la composición bacteriana, condicionan la producción de metabolitos y alteran tanto la interacción con el sistema inmune como el metabolismo del huésped1.

Evidencias recientes muestran que tanto la alimentación como el ejercicio actúan de forma conjunta sobre las rutas metabólicas y la diversidad microbiana. Esta circunstancia tiene implicaciones clínicas en enfermedades metabólicas, inflamatorias y cardiovasculares2.

Importancia de la dieta

El principal modulador de la comunidad microbiana es la dieta. Así, los componentes de la alimentación determinan la disponibilidad de sustratos para las bacterias intestinales y, en consecuencia, la producción de metabolitos como los ácidos grasos de cadena corta3.

Dietas ricas en fibra procedente de frutas, verduras y cereales integrales favorecen la proliferación de bacterias fermentadoras, cuya presencia tiene efectos beneficiosos sobre el metabolismo energético y la inflamación2.

Café y fermentados

Los productos ricos en polifenoles, como el café, se han asociado con cambios específicos en el ecosistema intestinal. En particular, el consumo de esta bebida —tanto con cafeína como descafeinada— se relaciona con una mayor abundancia de la bacteria Lawsonibacter asaccharolyticus, implicada en el metabolismo de compuestos fenólicos. Este hallazgo sugiere que ciertos alimentos pueden ejercer efectos selectivos sobre especies bacterianas concretas4.

Al mismo tiempo, comestibles fermentados como el yogur o el kéfir aportan microorganismos vivos que pueden fomentar la diversidad microbiana y reducir los marcadores inflamatorios. Eso sí, el número de estudios que abordan sus mecanismos de acción en la modulación de la microbiota intestinal sigue siendo limitado5.

Cuidado con la fibra

Por su parte, una dieta rica en fibra dietética supone un regulador del microbioma intestinal y suele generar muchos beneficios para la salud. Sin embargo, se debe aplicar con cautela6.

Experimentos en ratones alimentados con dietas semisintéticas complementadas con fibra de inulina purificada desarrollaron disbiosis y una inflamación de las mucosas intestinales que pueden afectar a la respuesta frente a infecciones parasitarias6.

Importancia de las proteínas

Como parte de la alimentación, el consumo de proteínas es más importante que las grasas, los polisacáridos o los azúcares simples a la hora de modular el conjunto microbiano: pero no sólo importa la cantidad, sino la fuente de origen7.

Aunque los mecanismos detrás de sus efectos son poco conocidos, sí se sabe que pueden contribuir a paliar la limitación de nitrógeno para los microbios del tracto intestinal7.

En cualquier caso, al analizar la relación entre proteínas y microbiota hay que tener en cuenta la interferencia de componentes dietéticos no proteicos para diferenciar los efectos del huésped de los de esos microorganismos7.

Influencia del ejercicio

La manera en que el ejercicio físico induce cambios en la microbiota es a través de mecanismos fisiológicos, como el fomento del tránsito intestinal, la liberación de citocinas y cambios hormonales, unos procesos que favorecen las variaciones en la composición y la funcionalidad de las bacterias1.

Por ejemplo, estudios en humanos muestran que entre individuos activos y sedentarios existen diferencias en familias bacterianas específicas, lo que indica que el nivel de actividad condiciona la estructura microbiana intestinal1.

Más diversidad

Desde un punto de vista funcional, la actividad física aumenta la diversidad microbiana y genera cambios en la proporción de determinados filos de bacterias, como Bacteroidetes y Firmicutes. Este equilibrio se relaciona con el metabolismo energético y con la reducción del riesgo de padecer una enfermedad metabólica8.

Además, el ejercicio estimula la presencia de bacterias productoras de ácidos grasos de cadena corta, compuestos implicados en la integridad de la barrera intestinal y la regulación inmunitaria8.

Variables que modulan

La intensidad y la duración del ejercicio actúan como variables moduladoras de la situación. Con protocolos de ejercicio moderado y sostenido, muestran efectos más consistentes que las intervenciones de alta intensidad sin adaptación progresiva. El hecho de que la respuesta microbiana presente variabilidad interindividual indicaría la influencia que tienen factores como la dieta, la genética y el estado basal del microbioma9.

En cuanto a los tipos de actividad física, la evidencia apunta a que ejercicios aeróbicos regulares como caminar, correr o hacer ciclismo provocan incrementos en la diversidad bacteriana y la producción de metabolitos beneficiosos. El entrenamiento de resistencia también influye en la microbiota, aunque posee patrones distintos que estarían vinculados al metabolismo proteico y a la disponibilidad de sustratos. La combinación de ambos muestra efectos acumulativos sobre el ecosistema intestinal1.

Dieta y ejercicio

Acoplar dieta y ejercicio tiene más incidencia sobre la microbiota que si se realizan por separado, ya que su suma incluye modificaciones en la diversidad bacteriana, la producción de metabolitos y determinados marcadores metabólicos e inflamatorios10.

En definitiva, la evidencia existente indica que el ecosistema intestinal responde a estímulos relacionados con el estilo de vida. La práctica regular de ejercicio aeróbico coordinada con un entrenamiento de resistencia; y el consumo de una dieta rica en fibra, polifenoles y alimentos fermentados configura un entorno favorable para la diversidad microbiana y la producción de metabolitos con efectos fisiológicos1.

Integrar este enfoque de la manera adecuada permite considerar la mejora del estado de la microbiota como un objetivo en la práctica clínica y en la promoción de estrategias de salud pública2.


Fuentes:

1. Gastrointestinal Disorders, Exercise-Induced Modulation of the Gut Microbiota: Mechanisms, Evidence, and Implications for Athlete Health https://www.mdpi.com/2624-5647/8/1/1

2. Nutrients, Physical Exercise and Diet: Regulation of Gut Microbiota to Prevent and Treat Metabolic Disorders to Maintain Health https://www.mdpi.com/2072-6643/15/6/1539

3. Nutrients, Can Physical Activity Influence Human Gut Microbiota Composition Independently of Diet? A Systematic Review https://www.mdpi.com/2072-6643/13/6/1890

4. Nature Microbiology, Coffee consumption is associated with intestinal Lawsonibacter asaccharolyticus abundance and prevalence across multiple cohorts https://www.nature.com/articles/s41564-024-01858-9

5. Biology and Life Sciences Forum, Fermented Food and Microbiota https://www.mdpi.com/2673-9976/49/1/11

6. Microbiome, Dietary fibre promotes chronic gut parasite infection via direct and time-dependent modulation of innate immunity https://link.springer.com/article/10.1186/s40168-025-02333-1

7. iScience, Dietary protein and the intestinal microbiota: An understudied relationship https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2589004222015851

8. Nutrients, How Diet and Physical Activity Modulate Gut Microbiota: Evidence, and Perspectives https://www.mdpi.com/2072-6643/14/12/2456

9. Nutrients, Effects of Exercise on Gut Microbiota of Adults: A Systematic Review and Meta-Analysis https://www.mdpi.com/2072-6643/16/7/1070

10. Nutrients, Combined Physical Exercise and Diet: Regulation of Gut Microbiota to Prevent and Treat of Metabolic Disease: A Review https://www.mdpi.com/2072-6643/14/22/4774

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Alimentación y ejercicio físico como moduladores de la microbiota intestinal

La dieta y la actividad física generan cambios en la diversidad bacteriana y en la producción de metabolitos que modulan los microorganismos del intestino, una interacción que influye en procesos metabólicos o inmunitarios y en el riesgo de padecer enfermedades

Alimentos servidos en un bowl junto con unas mancuernas y unas zapatillas deportivas.

La microbiota intestinal, compuesta por microorganismos que forman un ecosistema dinámico, está influida por factores que modifican la composición bacteriana, condicionan la producción de metabolitos y alteran tanto la interacción con el sistema inmune como el metabolismo del huésped1.

Evidencias recientes muestran que tanto la alimentación como el ejercicio actúan de forma conjunta sobre las rutas metabólicas y la diversidad microbiana. Esta circunstancia tiene implicaciones clínicas en enfermedades metabólicas, inflamatorias y cardiovasculares2.

Importancia de la dieta

El principal modulador de la comunidad microbiana es la dieta. Así, los componentes de la alimentación determinan la disponibilidad de sustratos para las bacterias intestinales y, en consecuencia, la producción de metabolitos como los ácidos grasos de cadena corta3.

Dietas ricas en fibra procedente de frutas, verduras y cereales integrales favorecen la proliferación de bacterias fermentadoras, cuya presencia tiene efectos beneficiosos sobre el metabolismo energético y la inflamación2.

Café y fermentados

Los productos ricos en polifenoles, como el café, se han asociado con cambios específicos en el ecosistema intestinal. En particular, el consumo de esta bebida —tanto con cafeína como descafeinada— se relaciona con una mayor abundancia de la bacteria Lawsonibacter asaccharolyticus, implicada en el metabolismo de compuestos fenólicos. Este hallazgo sugiere que ciertos alimentos pueden ejercer efectos selectivos sobre especies bacterianas concretas4.

Al mismo tiempo, comestibles fermentados como el yogur o el kéfir aportan microorganismos vivos que pueden fomentar la diversidad microbiana y reducir los marcadores inflamatorios. Eso sí, el número de estudios que abordan sus mecanismos de acción en la modulación de la microbiota intestinal sigue siendo limitado5.

Cuidado con la fibra

Por su parte, una dieta rica en fibra dietética supone un regulador del microbioma intestinal y suele generar muchos beneficios para la salud. Sin embargo, se debe aplicar con cautela6.

Experimentos en ratones alimentados con dietas semisintéticas complementadas con fibra de inulina purificada desarrollaron disbiosis y una inflamación de las mucosas intestinales que pueden afectar a la respuesta frente a infecciones parasitarias6.

Importancia de las proteínas

Como parte de la alimentación, el consumo de proteínas es más importante que las grasas, los polisacáridos o los azúcares simples a la hora de modular el conjunto microbiano: pero no sólo importa la cantidad, sino la fuente de origen7.

Aunque los mecanismos detrás de sus efectos son poco conocidos, sí se sabe que pueden contribuir a paliar la limitación de nitrógeno para los microbios del tracto intestinal7.

En cualquier caso, al analizar la relación entre proteínas y microbiota hay que tener en cuenta la interferencia de componentes dietéticos no proteicos para diferenciar los efectos del huésped de los de esos microorganismos7.

Influencia del ejercicio

La manera en que el ejercicio físico induce cambios en la microbiota es a través de mecanismos fisiológicos, como el fomento del tránsito intestinal, la liberación de citocinas y cambios hormonales, unos procesos que favorecen las variaciones en la composición y la funcionalidad de las bacterias1.

Por ejemplo, estudios en humanos muestran que entre individuos activos y sedentarios existen diferencias en familias bacterianas específicas, lo que indica que el nivel de actividad condiciona la estructura microbiana intestinal1.

Grupo de personas corriendo en el parque.

Más diversidad

Desde un punto de vista funcional, la actividad física aumenta la diversidad microbiana y genera cambios en la proporción de determinados filos de bacterias, como Bacteroidetes y Firmicutes. Este equilibrio se relaciona con el metabolismo energético y con la reducción del riesgo de padecer una enfermedad metabólica8.

Además, el ejercicio estimula la presencia de bacterias productoras de ácidos grasos de cadena corta, compuestos implicados en la integridad de la barrera intestinal y la regulación inmunitaria8.

Variables que modulan

La intensidad y la duración del ejercicio actúan como variables moduladoras de la situación. Con protocolos de ejercicio moderado y sostenido, muestran efectos más consistentes que las intervenciones de alta intensidad sin adaptación progresiva. El hecho de que la respuesta microbiana presente variabilidad interindividual indicaría la influencia que tienen factores como la dieta, la genética y el estado basal del microbioma9.

En cuanto a los tipos de actividad física, la evidencia apunta a que ejercicios aeróbicos regulares como caminar, correr o hacer ciclismo provocan incrementos en la diversidad bacteriana y la producción de metabolitos beneficiosos. El entrenamiento de resistencia también influye en la microbiota, aunque posee patrones distintos que estarían vinculados al metabolismo proteico y a la disponibilidad de sustratos. La combinación de ambos muestra efectos acumulativos sobre el ecosistema intestinal1.

Dieta y ejercicio

Acoplar dieta y ejercicio tiene más incidencia sobre la microbiota que si se realizan por separado, ya que su suma incluye modificaciones en la diversidad bacteriana, la producción de metabolitos y determinados marcadores metabólicos e inflamatorios10.

En definitiva, la evidencia existente indica que el ecosistema intestinal responde a estímulos relacionados con el estilo de vida. La práctica regular de ejercicio aeróbico coordinada con un entrenamiento de resistencia; y el consumo de una dieta rica en fibra, polifenoles y alimentos fermentados configura un entorno favorable para la diversidad microbiana y la producción de metabolitos con efectos fisiológicos1.

Integrar este enfoque de la manera adecuada permite considerar la mejora del estado de la microbiota como un objetivo en la práctica clínica y en la promoción de estrategias de salud pública2.


Fuentes:

1. Gastrointestinal Disorders, Exercise-Induced Modulation of the Gut Microbiota: Mechanisms, Evidence, and Implications for Athlete Health https://www.mdpi.com/2624-5647/8/1/1

2. Nutrients, Physical Exercise and Diet: Regulation of Gut Microbiota to Prevent and Treat Metabolic Disorders to Maintain Health https://www.mdpi.com/2072-6643/15/6/1539

3. Nutrients, Can Physical Activity Influence Human Gut Microbiota Composition Independently of Diet? A Systematic Review https://www.mdpi.com/2072-6643/13/6/1890

4. Nature Microbiology, Coffee consumption is associated with intestinal Lawsonibacter asaccharolyticus abundance and prevalence across multiple cohorts https://www.nature.com/articles/s41564-024-01858-9

5. Biology and Life Sciences Forum, Fermented Food and Microbiota https://www.mdpi.com/2673-9976/49/1/11

6. Microbiome, Dietary fibre promotes chronic gut parasite infection via direct and time-dependent modulation of innate immunity https://link.springer.com/article/10.1186/s40168-025-02333-1

7. iScience, Dietary protein and the intestinal microbiota: An understudied relationship https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2589004222015851

8. Nutrients, How Diet and Physical Activity Modulate Gut Microbiota: Evidence, and Perspectives https://www.mdpi.com/2072-6643/14/12/2456

9. Nutrients, Effects of Exercise on Gut Microbiota of Adults: A Systematic Review and Meta-Analysis https://www.mdpi.com/2072-6643/16/7/1070

10. Nutrients, Combined Physical Exercise and Diet: Regulation of Gut Microbiota to Prevent and Treat of Metabolic Disease: A Review https://www.mdpi.com/2072-6643/14/22/4774

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